miércoles, mayo 30, 2007

EL FLATO

Flato es la manera socialmente correcta de designar al pedo. Hay en ello algo entre medico y cultural. Quienes encuentran el vocablo lo aceptan y usan con alivio, pues a pesar de ser lo mismo, el pedo, palabra horrible si las hay, es capaz de arruinar la corrección de un texto y hasta la reputación de buen gusto que acaso tuviere el autor. y es que el pedo es por naturaleza una entidad odiosa, astuta, disimulada y antisocial. Nunca es bien recibido, sino que es el proscrito por naturaleza. El pedo no tiene arraigo, pasaporte, ni patria, porque es lo mas universal que existe; es, nadie lo dude, alegoría sonora de la globalización.

El pedo es un bocado evaporado; heraldo de cosas peores; viento negro que barre las entrañas; caca en presentación aerosol; diagnóstico de la digestión; menú desmenuzado hasta ser brisa; confesión de parte; voz interior y fumarola, en fin, nuestra fabrica interior.
También, como no, el pedo es mensaje para el que sabe oírlo. Ávido por expresarse el intestino se hace presente. Es exclamación que la nariz escucha. Ya sea como grito o como susurro.

Conviene agregar que no es indiferente la circunstancia en que se emite el flato. Un automóvil, un concierto, una reunión familiar, son sitios en que se gradúa la confianza. Se ha dicho que en un elevador adquiere su poder máximo; pero es que no se ha considerado la escalera eléctrica. Allí por el punto en que se emite, pasará una hilera a padecerlo sin escape. Especialmente si es de naturaleza densa y no hay en el lugar vientos que lo dispersen.

En cuanto a la edad del emitente el flato las acompaña a todas sin excepción. De la cuna al sepulcro, los chiquillos y las chiquillas, los ciudadanos y las ciudadanas van acompañados de sus sonoridades. Si acaso en la juventud es ingenuo y animoso expresándose con vigor, en la tercera edad se vuelve retraído y con frecuencia taimado.
¿Nacionalidad?, la tuvieron si, pero la están perdiendo. La mundialización asi lo exige. La cocina española es tan pesada y espesa; la francesa, tan inundada en salsas; ¡la mexicana! tan variada en sabores y también pesadísima, han ido cediendo a la fast food, que produce una papilla homogénea con recetarios estándares. De modo que en poco tiempo las flatulencias serán idénticas en los cinco continentes. Una desgracia cuando bien se mira o ¿se huele?.
Si hablamos de clases sociales, qué duda cabe, las ventosidades las reconocen y se someten a ellas como categorías históricas inescapables. No es lo mismo ser pillado por una flatulencia en el transporte público que en Fabricas de Francia, aunque acerca de este tema hay polémicas interminables.
Desde la caída de la Unión Soviética se afirma que toda pluma, vapor o soplido tiene las mismas posibilidades de sobresalir y que no hay diferencias entre unos y otros. Todos son criaturas de Dios y por tanto con las mismas oportunidades y derechos. Cualquiera puede olfatear cuanto guste; pero dejemos el tema porque en verdad no huele bien.